Este es el lugar y este el tiempo desde los que escribo, un lugar en el que no hay gravedad que pegue los pies al suelo, en el que los sueños son posibles y solo el amor y la amistad importan. Aqui no caben la conveniencia ni el interés, aqui podemos, todos, ser felices.

Poneos cómodos, estáis en casa.

domingo, 11 de enero de 2009

Deudas de juego

Aún me debes
catorce o quince cosas,
ninguna explicación
y algo de aliento...

me debes unas suelas
con las que andar
desnuda
tus caminos,
un barrote de menos
en mi jaula,
la grupa de un caballo
algún domingo...

me debes
la hora que guardaste
colgada
en una esquina de tu risa,
una de miedo,
o dos
si son pequeñas,
alguna arruga
en un kimono chino...

me debes
olas en la bañera,
el frío
de una cumbre,
las luces de Las Vegas,
seis cuerdas
cantándome una nana y
sus notas
bailando en un poema.

Me debes
aún
algunas cosas
y yo te debo
infinitos silencios.

4 comentarios:

Jose Luis Zúñiga dijo...

Estas deudas son magníficas.

Mayte Sánchez Sempere dijo...

Bienvenido Jose Luis y gracias por seguirme. Me alegra que hayas encontrado esta playa.

Espero que te sientas a gusto en Nunca Jamás.

Caste dijo...

Por suerte (o por desgracia) veo y entiendo cada una de las líneas de este poema...

...y además de 'entenderlo' te diré que es de los mejores que te he leído estos días...muy cercano...y demasiado real...

un abraaaaaaaaaazo,

Antonio

Mayte Sánchez Sempere dijo...

Ay, Antonio, las deudas más tristes son las que uno sabe que nunca cobrará... si queda la duda y se cree en el pagador, alguna esperanza, pequeñita, débil, absurda, queda ahí al fondo; y eso es suficiente para seguir adelante.

Pero si no, ni el cobrador del frac nos puede resolver la papeleta. Vivir es lo que queda, las deudas, al diablo.

Un beso